Prostitutas economicas barcelona noticias feministas

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Es su polémica lucha por la igualdad de género. Aquí dan la cara. Natalia no es de este mundo, como tampoco lo son los unicornios, las hadas y los trasgos. Para una buena parte de la población es imposible que exista una mujer así: Una prostituta feminista, o lo que es lo mismo, alguien que lucha por la igualdad entre el sexo masculino y femenino y un justo reparto de roles.

Quieren que su voz se escuche. Son mujeres de carne y hueso. A diferencia de la gran mayoría de mujeres y hombres que se dedican a este mundo, ella ha decidido dar la cara literalmente en esta lucha.

María Riot es otra de las prostitutas que mezclan su actividad con el activismo. Y tampoco oculta su rostro. Veo a una parte del feminismo como una herramienta muy poderosa de empoderamiento. Pero el coste personal de esa pelea es elevado, así como el estigma. El problema es que la publicación no distinguía entre las mujeres que libremente quieren dedicarse a este trabajo y las víctimas de la trata, una de las peores lacras de nuestra sociedad.

En , Naciones Unidas calculó que una de cada siete mujeres prostitutas en Europa eran víctimas de trata. Para esta guía del Ayuntamiento de Madrid son, de nuevo, como los unicornios.

No recuerdo muy bien cómo o por qué empecé a considerar la prostitución. A inicios del s. XIX pudieron dar cuenta de cómo aquellas transformaciones habían afectado a las mujeres. Habían sido excluidas de los grandes discursos filosóficos de la igualdad que motivaron y legitimaron ideológicamente los cambios sociales, políticos y económicos, pero sufrieron todas las desventuras que la acumulación de capital produce.

Por ejemplo, el aumento de la prostitución, que se nutrió de la miseria urbana y desprotección social de las mujeres. Describió amargamente los mecanismos de engaño y captación de mujeres jóvenes. Este acceso depende del capital del que se disponga, así que se trata de una cuestión intrínsecamente relacionada con el reparto desigual de la riqueza.

Como ocurre a las abolicionistas hoy día, fueron acusadas de puritanas. Aceptarlo como un problema perverso, por la gravedad de sus consecuencias para toda la sociedad, es imprescindible. Incluso molestando a los científicos sociales si fuese preciso. Así que empecemos a abordarlo como lo que es en realidad; un inmenso problema que afecta a toda la sociedad. La no decisión es una decisión implícita. Para abordar la prostitución como problema y no como algo irremediable, debemos preguntarnos por las causas.

Y saber de antemano que los problemas complejos requieren soluciones complejas que cuenten con la complicidad social. Y sobre todo, que tan importante como acertar en la política concreta a desarrollar, es no decidir desarrollar la política equivocada. De hecho este es el círculo reproductor y multiplicador de la mayoría de los problemas sociales, que se inician siendo una injusticia y acaban desarrollando un sistema de explotación de unos sobre otros, acomodado a la naturaleza y a la costumbre.

Es la irrupción neoliberal a partir de los años 60 la que introduce el mito de libre elección basada en el consentimiento y plantea el acto de prostituirse como elección personal individualizada al margen de todo contexto social y de aquí a su planteamiento como oferta laboral.

Por una parte, para aplacar las quejas vecinales, optó por penalizar a las prostitutas, admitiendo a posteriori que la recaudación fue bastante escasa. Se trataba de un gesto hipócrita ya que en realidad su postura, sin expresarla abiertamente, estaba a favor de la institución prostituyente.

Y a lo largo de los años han llovido las noticias sobre las ventajas laborales del ejercicio de la prostitución, en comparación con otras actividades profesionales. Y todo han sido alabanzas a los buenos salarios, excelentes condiciones laborales, las posibilidades de conciliación familiar, caché profesional… tanto que no se explica cómo no hemos decidido en considerar la prostitución como nuestra mejor salida profesional. Hacer de prostituta era presentado como una profesión altamente considerada.

También bombardearon con la necesidad formativa para un ejercicio de excelencia de oficio. Frivolizaron con el tema profesional en connivencia con el lobby empresarial proxeneta, calculando su aportación al PIB y reclamando la garantía de ventajas fiscales como si se tratara de una actividad de interés social. Ciudades como Barcelona se incluyen como ciudad altamente cotizada de ocio prostitutivo en las guías turísticas.

Y parece ser que esta marca debe ser considerada motivo de orgullo ciudadano, algo así como parte de nuestro patrimonio cultural.

El feminismo ha evolucionado y ha incorporado la lucha de clases. El patriarcado se adapta a los nuevos tiempos y se ajusta y apoya en el neoliberalismo. En sus postulados, los neoliberales, cualquier intento de nueva política queda desvirtuada por su descreencia en lo colectivo, solo lo individual, aislado y la lucha cuerpo a cuerpo tienen representación. Frente a esta realidad, el feminismo en su apuesta por el abolicionismo de la prostitución, reclama la vigencia de los derechos humanos y sociales, también para las prostitutas, no por su actividad sino por su condición de personas.

Y por lo tanto reclama con urgencia unas políticas adecuadas a la solución del problema y no a su pervivencia y aceptación resignada como mal menor. Toda la acción de gobierno debe tener contenido igualitario.

Con políticas específicas de apoyo a las mujeres que ejercen la prostitución, que las capaciten y les ofrezcan alternativas tanto si desean salir como seguir con su ejercicio. La mirada solo puede ser bajo una perspectiva feminista y de género y en este sentido no hay atajos ni medias tintas, el feminismo solo puede ser ideológicamente de izquierdas y no tiene cabida en un marco neoliberal. La prostitución como institución tiene consecuencias en toda la sociedad, todos estamos afectados y todos tenemos que tener una opinión formada al respecto basada en los valores para la convivencia, no para el ocultamiento hipócrita.

Es imprescindible centrar el debate en el consumidor, la mayor incidencia para su erradicación debe estar centrada en la demanda. Su consumo debe ser sancionado socialmente, no se trata en exclusiva de una penalización, se trata de la reprobación de los actos. De la misma manera que se rechaza al maltratador, también el putero debe ser cuestionado, no puede aceptarse como natural y sin consecuencias un ocio que se disfruta en cuerpos ajenos.

Trasladar el centro de la polémica de las prostitutas y sus motivos, al silenciado y aceptado putero y sus razones para necesitar una sexualidad vejatoria sí que sería verdaderamente innovador y cambiaría el rumbo de las políticas. Debemos desmontar las falacias y mitos construidos en torno a una sexualidad basada en el consumo y regida por el sacrosanto mercado. No existe la libertad de elegir ante una necesidad perentoria.

Pero sí podemos elegir libremente, como acto de voluntad y de afirmación, frente a un ocio o una sexualidad banal y vejatoria. Cabe pensar que los autores o autoras de la frase en cuestión, que reivindican dicha legalización en nombre de los derechos que con ello — supuestamente — obtendrían las mujeres en situación de prostitución, pretenden subrayar que, como mujeres que son, deberían disfrutar de las mismas opciones que el resto de la ciudadanía.

Justamente en lo concerniente a las mujeres y a sus derechos. La prostitución nunca ha sido un oficio de mujeres, sino ante todo un comercio entre hombres. Y esa identidad se convierte en una prisión degradante. Pero, por nuestra parte, no tenemos derecho a ignorar el dolor y el llamamiento a la solidaridad que esconde esa actitud; no podemos dejar de ver en ella un gesto elemental de supervivencia en medio de la realidad devastadora de la prostitución.

La mujer pierde su condición de ser humano, con deseos y voluntad propia, para convertirse en una mercancía.

prostitutas economicas barcelona noticias feministas Me ha sorprendido gratamente el artículo, pero lo que mas me ha llamado la atención es la falta de empatía de cierto sector del feminismo, que sigue empeñado en imponer sus criterios a todo el mundo incluso por encima de aquellas personas que pretenden libremente ejercer el derecho ha realizar con su vida lo que estimen oportuno. Contrariamente prostitutas independientes prostitutas guerra civil española la tradición feminista, Pérez bien se guarda de señalar el origen de la prostitución: La prostitución es un trabajo fruto del capitalismo, por supuesto. Pero sí podemos elegir libremente, como acto de voluntad y de afirmación, frente a un ocio o una sexualidad banal y vejatoria. El trabajo sexual necesita al feminismo, y el feminismo necesita a las trabajadoras sexuales.

XVIII feministas e ilustradas -como Mary Wollstonecraft u Olympe de Gouges - asistieron al acontecer del nuevo orden social ligado a la eclosión del capitalismo industrial. A inicios del s. XIX pudieron dar cuenta de cómo aquellas transformaciones habían afectado a las mujeres. Habían sido excluidas de los grandes discursos filosóficos de la igualdad que motivaron y legitimaron ideológicamente los cambios sociales, políticos y económicos, pero sufrieron todas las desventuras que la acumulación de capital produce.

Por ejemplo, el aumento de la prostitución, que se nutrió de la miseria urbana y desprotección social de las mujeres. Describió amargamente los mecanismos de engaño y captación de mujeres jóvenes.

Este acceso depende del capital del que se disponga, así que se trata de una cuestión intrínsecamente relacionada con el reparto desigual de la riqueza. En , Naciones Unidas calculó que una de cada siete mujeres prostitutas en Europa eran víctimas de trata.

Para esta guía del Ayuntamiento de Madrid son, de nuevo, como los unicornios. No recuerdo muy bien cómo o por qué empecé a considerar la prostitución. Hablando sobre esto una amiga me confesó que era prostituta desde hacía un año. Tener su apoyo y escuchar su experiencia me reafirmó en que esté podría ser un trabajo muy empoderador. Eso y mi necesidad de pagar el alquiler me hizo decidirme. María Riot tiene una historia paralela. Y una opinión similar: Amanda Carvajal es una escort de lujo madrileña.

No se considera feminista ni activista, pero lleva igual de mal las acusaciones de otras mujeres: El cliente acepta y, si no le gustan las condiciones, simplemente el encuentro no se produce. Eso para mí es igualdad de género , pues es un acuerdo en el que tanto él como yo salimos ganando. Varias asociaciones de profesionales del sexo, como Aprosex, Hetaira, Genera, Cats y Prostitutas Indignadas llevan tiempo defendiendo los derechos de este colectivo, la despenalización y la diferenciación clara con las redes de trata.

Riot se refiere a Erika Lust , autora de cintas que apuestan por una mirada femenina donde la mujer no es utilizada como un objeto sexual, toma la iniciativa y explora sus propios placeres: Es decir, que no sólo hago películas donde el placer femenino importa y la representación de las relaciones sexuales es realista, igualitaria y respetuosa, sino que el proceso de producción es ético y fomenta la participación de mujeres en cualquier puesto de trabajo.

Disfrutar del sexo explícito en pantalla no es algo intrínsecamente masculino. Para abordar la prostitución como problema y no como algo irremediable, debemos preguntarnos por las causas. Y saber de antemano que los problemas complejos requieren soluciones complejas que cuenten con la complicidad social. Y sobre todo, que tan importante como acertar en la política concreta a desarrollar, es no decidir desarrollar la política equivocada. De hecho este es el círculo reproductor y multiplicador de la mayoría de los problemas sociales, que se inician siendo una injusticia y acaban desarrollando un sistema de explotación de unos sobre otros, acomodado a la naturaleza y a la costumbre.

Es la irrupción neoliberal a partir de los años 60 la que introduce el mito de libre elección basada en el consentimiento y plantea el acto de prostituirse como elección personal individualizada al margen de todo contexto social y de aquí a su planteamiento como oferta laboral.

Por una parte, para aplacar las quejas vecinales, optó por penalizar a las prostitutas, admitiendo a posteriori que la recaudación fue bastante escasa. Se trataba de un gesto hipócrita ya que en realidad su postura, sin expresarla abiertamente, estaba a favor de la institución prostituyente. Y a lo largo de los años han llovido las noticias sobre las ventajas laborales del ejercicio de la prostitución, en comparación con otras actividades profesionales.

Y todo han sido alabanzas a los buenos salarios, excelentes condiciones laborales, las posibilidades de conciliación familiar, caché profesional… tanto que no se explica cómo no hemos decidido en considerar la prostitución como nuestra mejor salida profesional.

Hacer de prostituta era presentado como una profesión altamente considerada. También bombardearon con la necesidad formativa para un ejercicio de excelencia de oficio. Frivolizaron con el tema profesional en connivencia con el lobby empresarial proxeneta, calculando su aportación al PIB y reclamando la garantía de ventajas fiscales como si se tratara de una actividad de interés social. Ciudades como Barcelona se incluyen como ciudad altamente cotizada de ocio prostitutivo en las guías turísticas.

Y parece ser que esta marca debe ser considerada motivo de orgullo ciudadano, algo así como parte de nuestro patrimonio cultural. El feminismo ha evolucionado y ha incorporado la lucha de clases.

El patriarcado se adapta a los nuevos tiempos y se ajusta y apoya en el neoliberalismo. En sus postulados, los neoliberales, cualquier intento de nueva política queda desvirtuada por su descreencia en lo colectivo, solo lo individual, aislado y la lucha cuerpo a cuerpo tienen representación. Frente a esta realidad, el feminismo en su apuesta por el abolicionismo de la prostitución, reclama la vigencia de los derechos humanos y sociales, también para las prostitutas, no por su actividad sino por su condición de personas.

Y por lo tanto reclama con urgencia unas políticas adecuadas a la solución del problema y no a su pervivencia y aceptación resignada como mal menor. Toda la acción de gobierno debe tener contenido igualitario. Con políticas específicas de apoyo a las mujeres que ejercen la prostitución, que las capaciten y les ofrezcan alternativas tanto si desean salir como seguir con su ejercicio. La mirada solo puede ser bajo una perspectiva feminista y de género y en este sentido no hay atajos ni medias tintas, el feminismo solo puede ser ideológicamente de izquierdas y no tiene cabida en un marco neoliberal.

La prostitución como institución tiene consecuencias en toda la sociedad, todos estamos afectados y todos tenemos que tener una opinión formada al respecto basada en los valores para la convivencia, no para el ocultamiento hipócrita.

Es imprescindible centrar el debate en el consumidor, la mayor incidencia para su erradicación debe estar centrada en la demanda. Su consumo debe ser sancionado socialmente, no se trata en exclusiva de una penalización, se trata de la reprobación de los actos. De la misma manera que se rechaza al maltratador, también el putero debe ser cuestionado, no puede aceptarse como natural y sin consecuencias un ocio que se disfruta en cuerpos ajenos.

Trasladar el centro de la polémica de las prostitutas y sus motivos, al silenciado y aceptado putero y sus razones para necesitar una sexualidad vejatoria sí que sería verdaderamente innovador y cambiaría el rumbo de las políticas. Debemos desmontar las falacias y mitos construidos en torno a una sexualidad basada en el consumo y regida por el sacrosanto mercado.

No existe la libertad de elegir ante una necesidad perentoria. Pero sí podemos elegir libremente, como acto de voluntad y de afirmación, frente a un ocio o una sexualidad banal y vejatoria. Cabe pensar que los autores o autoras de la frase en cuestión, que reivindican dicha legalización en nombre de los derechos que con ello — supuestamente — obtendrían las mujeres en situación de prostitución, pretenden subrayar que, como mujeres que son, deberían disfrutar de las mismas opciones que el resto de la ciudadanía.

Justamente en lo concerniente a las mujeres y a sus derechos. La prostitución nunca ha sido un oficio de mujeres, sino ante todo un comercio entre hombres. Y esa identidad se convierte en una prisión degradante. Pero, por nuestra parte, no tenemos derecho a ignorar el dolor y el llamamiento a la solidaridad que esconde esa actitud; no podemos dejar de ver en ella un gesto elemental de supervivencia en medio de la realidad devastadora de la prostitución.

La mujer pierde su condición de ser humano, con deseos y voluntad propia, para convertirse en una mercancía. La mujer prostituida deviene una mujer asexuada. Pero la consigna revela también, aunque sea involuntariamente, otra cruel realidad: Pero no se cuestiona en absoluto su privilegio ancestral de seguir abusando de ellas. Nada nuevo bajo el sol.

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